Cada año ocurre lo mismo, pero cada año parece sorprender igual. Entre posadas, cenas, brindis y recalentados, el llamado maratón Guadalupe-Reyes no solo pone a prueba la resistencia del hígado nacional, también estresa —y fuerte— a las empresas mexicanas. Un análisis de Worky, basado en registros laborales de 2018 a 2025, revela que durante este periodo las faltas no programadas se disparan entre tres y cinco veces en comparación con meses ordinarios.
No es una percepción: es un patrón. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, diciembre es históricamente uno de los meses con mayor volatilidad en asistencia y jornadas efectivas. A eso se suma que, según datos del IMSS, el cierre de año concentra uno de los picos más altos en trámites de incapacidad temporal, lo que mete presión extra a las áreas de nómina y recursos humanos justo cuando medio país está pensando en vacaciones.
Los datos de Worky confirman que el fenómeno es cíclico y perfectamente predecible. En días festivos oficiales, el ausentismo se mantiene dentro de rangos manejables. Pero el Guadalupe-Reyes es otra historia: ahí los picos afectan la planeación de turnos, la entrega de proyectos y la operación diaria. Y como si fuera efecto dominó, el problema se arrastra hasta enero: en la primera semana del año, las solicitudes de vacaciones crecen 58% y las aprobaciones 66% frente al promedio mensual, generando un cuello de botella administrativo cuando las empresas intentan, literalmente, volver a arrancar.
Maya Dadoo, CEO de Worky, lo dice sin rodeos: el problema no es que la gente descanse, sino que lo haga sin planeación. “El Guadalupe-Reyes no debería ser una sorpresa para las empresas, pero los datos muestran que sigue siendo un punto ciego operativo. Cuando las ausencias no son programadas, los equipos de capital humano dejan de gestionar talento y pasan a apagar incendios, con impacto directo en costos, clima laboral y resultados”, advierte.
La paradoja es interesante: los trabajadores mexicanos están tomando descansos cada vez más cortos. El promedio cayó de tres a dos días. Pero el volumen de solicitudes concentradas en un mismo periodo —especialmente en la primera semana de enero— satura los sistemas y los procesos. “Ahí es donde la digitalización deja de ser un lujo y se vuelve una herramienta de supervivencia administrativa”, apunta Dadoo.
El reporte subraya que más del 40% de las áreas de capital humano reconoce que una mala planeación de ausencias dispara costos operativos no previstos, un golpe especialmente duro para sectores como retail, manufactura y logística. Y el impacto no es menor: se estima que el ausentismo y la baja eficiencia organizacional pueden drenar hasta el 4% de la facturación anual de las empresas en Latinoamérica.
En un mercado laboral marcado por la rotación, el burnout y una mayor exigencia de flexibilidad, el Guadalupe-Reyes deja de ser una simple anécdota cultural para convertirse en un tema estratégico. La conclusión es clara: sin datos, sin procesos digitales y sin visibilidad en tiempo real, las empresas seguirán llegando a enero con la cruda… pero administrativa. Y en un 2026 que se perfila cada vez más competitivo, esa es una resaca que pocos pueden darse el lujo de pagar.
