Omar Chaparro lleva años haciendo reír, llorar y pensar a millones desde la pantalla. Pero ahora decidió dar un paso más íntimo: bajarse del personaje, apagar los reflectores y cantar desde un lugar mucho más vulnerable. Así nace “Alma de mi Alma”, el segundo sencillo de su próximo disco “Inesperado”, que verá la luz el 26 de marzo de 2026, y que funciona más como una carta abierta que como una simple canción.
La pieza es, en esencia, una declaración de amor de un padre a sus hijas. Sin trucos, sin poses, sin ironías. Chaparro se permite aquí una honestidad poco común en una industria acostumbrada al artificio: la voz se quiebra, la emoción se cuela entre los versos y la paternidad aparece no como consigna, sino como experiencia que transforma. Es, quizá, el retrato más humano de un artista que durante años fue asociado principalmente a la comedia y al entretenimiento ligero.
“Alma de mi Alma” además tiene un ancla poderosa en la ficción: es el tema central de su nueva película “La celda de los milagros”, estrenada este 25 de diciembre. En ella, Chaparro interpreta a Héctor, un padre con una condición neurológica que es encarcelado injustamente. La historia de resistencia, amor y esperanza dialoga de forma directa con la canción, y el video oficial refuerza ese paralelismo al incluir imágenes del filme, convirtiendo la pieza en un puente entre la música y el cine.
Con este lanzamiento, Omar Chaparro vuelve a romper la expectativa fácil. Pocos hubieran apostado por verlo consolidarse como compositor e intérprete en esta clave tan emocional, pero lo hace con una convicción que desarma. “Inesperado” no sólo es el título de su nuevo disco: es también una declaración de principios sobre esta etapa de su carrera, donde la música se vuelve un vehículo para contar historias reales, profundamente humanas.
“Alma de mi Alma” ya está disponible en todas las plataformas digitales y el video oficial puede verse en su canal. Más que un estreno, es una invitación a mirar a Omar Chaparro sin máscaras: no al comediante, no al conductor, no al actor, sino al padre que decidió, por una vez, cantar con el corazón en la mano.
