Hay directoras y directores que necesitan varias obras para encontrar su voz. Y hay otros que, desde sus primeros trabajos, dejan ver un sello propio, todavía imperfecto, pero claramente reconocible. Ese parece ser el caso de Bárbara Matta con El gigante.
El cortometraje tiene una narrativa que, a primera vista, podría parecer fragmentada. Las escenas saltan de un momento a otro sin demasiadas explicaciones y sin el afán de subrayar cada emoción para el espectador. Pero lejos de ser un fallo argumental, ese ritmo atropellado parece formar parte de la esencia del proyecto. Hay algo en esos cortes bruscos y en la manera de encadenar las situaciones que recuerda a la libertad formal que suele utilizar Wes Anderson, mientras que algunos recursos gráficos y ciertos momentos visuales evocan inevitablemente el espíritu juguetón de Scott Pilgrim vs. the World.
En medio de ese lenguaje visual, El gigante se mueve en una frontera interesante: un territorio donde el realismo cotidiano se mezcla con un toque de fantasía que roza el realismo mágico. La película juega con esa ambigüedad y deja pistas para el espectador, pero nunca se preocupa por explicarlas del todo. De hecho, conviene poner atención a un detalle clave: quién es realmente el gigante. Y más importante todavía, quedarse después de los créditos. Es ahí donde la directora termina de cerrar el círculo.
Donde el corto muestra mayor debilidad —algo comprensible tratándose de una de sus primeras obras— es en el guion y en el desarrollo de los personajes. Durante buena parte de la historia, Mayte y Adela construyen una dinámica creíble de amistad profunda. Aproximadamente durante el 75% del metraje uno compra sin problema que son esas amigas que se conocen de memoria. Sin embargo, cuando llega el clímax, algo se rompe.
La desconexión aparece justo cuando más se necesita que la relación funcione. Adela parece no comprender la incomodidad evidente de su amiga de toda la vida, y ese quiebre emocional resulta difícil de creer para el espectador. La actuación de Jessica Rubi como Mayte logra transmitir con claridad que algo se ha encendido dentro del personaje: pequeñas alarmas que se perciben incluso antes de que la historia las verbalice. Por eso cuesta aceptar que Adela, su mejor amiga, su hermana de alma, no lo detecte con la misma rapidez con la que lo hace quien está viendo la película.
Ese momento, más que la historia en sí, es lo que termina sacando ligeramente al espectador de la experiencia.
Aun así, El gigante tiene algo valioso: una mirada cinematográfica evidente. Hay sensibilidad visual, intención estética y una directora que parece interesada en contar desde lo simbólico y lo emocional antes que desde lo explicativo.
Por eso mi calificación es 3 de 5 estrellas. No es un cortometraje perfecto, pero sí funciona como una antesala interesante de lo que Bárbara Matta podría mostrar en el futuro. Y al menos en mi caso, después de ver El gigante, me quedo con una sensación clara: vale la pena seguirle la pista.
