La reciente clase nacional de defensa personal “Mujeres Imparables”, impulsada por la Secretaría de las Mujeres del Gobierno de México y la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, reunió a cientos de mujeres en ciudades como Cancún, Chetumal, Playa del Carmen y Lázaro Cárdenas. En total, 760 participantes acudieron a una jornada que buscó promover herramientas de seguridad, confianza y autocuidado frente a la violencia de género.
La iniciativa fue presentada como un espacio de empoderamiento y prevención, donde niñas y mujeres aprendieron técnicas básicas de defensa personal, al tiempo que se fomentó la convivencia y el deporte. Sin embargo, más allá de la actividad física y el entusiasmo que generó la convocatoria, la pregunta inevitable surge en el fondo del debate público: ¿este tipo de acciones ayudan realmente a reducir la violencia contra las mujeres o terminan trasladando nuevamente la responsabilidad hacia ellas?
Para responder esa pregunta es necesario mirar el contexto que viven las mujeres en Quintana Roo.
Un estado con altos niveles de violencia contra las mujeres
Las cifras muestran que la violencia de género sigue siendo un problema estructural en la entidad.
De acuerdo con datos oficiales basados en la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), alrededor del 70% de las mujeres en Quintana Roo ha sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida, ya sea psicológica, física, económica o sexual. (Secretaría de Gobierno)
Cuando se analiza la violencia dentro de las relaciones de pareja, los datos también son alarmantes:
- 37.5% de las mujeres ha sufrido violencia por parte de su pareja.
- 32.5% reportó violencia psicológica.
- 17.6% violencia física.
- 6% violencia sexual. (Secretaría de Gobierno)
A esto se suma otro dato preocupante: más del 70% de las víctimas no denuncia los hechos, ya sea por miedo, normalización de la violencia o desconfianza en las instituciones. (Secretaría de Gobierno)
Las llamadas de emergencia también revelan la dimensión del problema. Entre enero y septiembre de 2025, Quintana Roo registró más de 45 mil llamadas relacionadas con violencia contra mujeres, lo que equivale a 166 reportes diarios.
Una parte importante de estos casos corresponde a violencia en pareja, que representa más de 22 mil incidentes en ese periodo.
Feminicidios y violencia extrema
La violencia contra las mujeres también tiene su expresión más brutal en los feminicidios.
En los primeros seis meses de 2025, Quintana Roo registró nueve feminicidios, de acuerdo con datos del Gobierno, cinco más que en el mismo periodo del año anterior, lo que representa un incremento cercano al 55%.
Aunque las autoridades han reportado detenciones y procesos judiciales contra presuntos responsables, el fenómeno sigue generando preocupación entre organizaciones civiles y colectivas feministas.
El problema, advierten especialistas, no es únicamente el número de casos, sino el patrón detrás de ellos: la mayoría de las agresiones contra mujeres ocurre en contextos de cercanía, principalmente dentro del hogar o en relaciones afectivas.
A nivel global, organismos internacionales han señalado que la violencia contra mujeres suele estar vinculada con parejas o familiares, lo que confirma que se trata de un fenómeno profundamente ligado a relaciones de poder dentro del ámbito privado.
El papel de los hombres en la violencia de género
En el centro del debate está un hecho difícil de ignorar: la gran mayoría de los agresores son hombres.
Las estadísticas sobre violencia de pareja y feminicidio coinciden en señalar que los perpetradores suelen ser esposos, novios, ex parejas o familiares masculinos.
Esto ha llevado a especialistas en género a insistir en que la violencia contra las mujeres no puede abordarse únicamente desde la autoprotección femenina, sino desde la transformación de los patrones culturales que sostienen el machismo.
El problema no es que las mujeres no sepan defenderse.
El problema es una cultura que normaliza el control, la dominación y la violencia masculina.
¿Defensa personal o traslado de responsabilidad?
Las clases de defensa personal, como la realizada en Quintana Roo, pueden tener beneficios individuales claros:
- fortalecen la confianza
- enseñan técnicas básicas de reacción
- fomentan redes entre mujeres
- generan conciencia sobre la violencia
Sin embargo, organizaciones feministas y especialistas advierten que cuando estas acciones se presentan como estrategia central de seguridad, existe el riesgo de trasladar nuevamente la responsabilidad hacia las mujeres.
El mensaje implícito puede convertirse en:
“aprende a defenderte”.
Cuando el verdadero problema sería:
“los hombres deben dejar de agredir”.
Por eso, muchos expertos consideran que la defensa personal puede ser una herramienta útil, pero nunca la solución estructural.
La raíz del problema: el machismo
Diversos especialistas coinciden en que la violencia contra las mujeres tiene una raíz cultural profunda: el machismo.
Se trata de un sistema de creencias que históricamente ha colocado a los hombres en posiciones de poder y ha normalizado prácticas como:
- el control sobre la pareja
- la violencia como forma de resolución de conflictos
- la subordinación femenina
- la idea de que los hombres deben ejercer dominio
Por esa razón, cada vez más programas públicos y organizaciones civiles impulsan grupos de reflexión sobre masculinidades, donde hombres analizan críticamente sus comportamientos y aprenden formas no violentas de relacionarse.
En distintos estados del país, estos espacios —conocidos como grupos de masculinidades positivas o masculinidades sanas— buscan precisamente atacar la raíz cultural de la violencia.
La lógica es simple pero profunda:
Si los hombres son quienes cometen la mayoría de las agresiones, los hombres también deben formar parte de la solución.
El desafío pendiente en Quintana Roo
Quintana Roo ha impulsado campañas institucionales, protocolos de atención y detenciones de agresores. Sin embargo, especialistas y colectivos coinciden en que aún falta una estrategia más profunda para transformar las causas culturales de la violencia.
Las clases de defensa personal pueden ser útiles.
Pero la pregunta de fondo sigue abierta:
¿Es suficiente enseñar a las mujeres a defenderse,
o el verdadero reto es educar a los hombres para que no agredan?
Mientras esa discusión continúa, las cifras de violencia recuerdan que el problema no es menor.
Porque detrás de cada estadística hay una historia, una familia y una vida marcada por una realidad que aún está lejos de resolverse.
Si bien se creo la Secretaría de las Mujeres para crear políticas públicas y acciones en favor de ellas, no sería más necesario crear una Secretaría de Masculinidades Sanas, para que cada vez más hombres ¿Se cuestionen sus machismos?
